El fruto del trabajo en equipo

Mi abuelo materno era margariteño (Margarita = Isla Caribeña) y en muchas de sus enseñanzas decía que debíamos aprender de los pescadores. Por ejm si alguien te había hecho algún mal y luego venía buscando pelea, él decía “déjalo que guaralee”, con lo cual hacía alusión a lo que hacen los pescadores cuando quieren atrapar a un pez grande, le dan guaral para que el pez crea que está libre y nade, pero en determinado momento lo halan y el pez queda ensartado en el anzuelo que lleva la carnada. Yo pienso que podemos aprender mucho de estos trabajadores, de su manera de organizarse, de su jornada tempranera, del respeto por la naturaleza y sus tesoros.

Hace poco estuve en Choroní y tuve oportunidad de fotografiarlos. Choroni_2017_697_2psFirma

Cada uno cumple su rol, por ejm, están los que manejan las lanchitas, también hay buzos que andan en busca de cardúmenes, otros distribuyen las redes, unos pocos se dedican a labores de salvamento y así.

Su jornada empieza muy temprano:

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y deben trabajar en grupo para obtener mejores resultados:

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¿Pueden apreciar la red?

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En determinado momento se van organizando en torno a la red para extraer los peces que han quedado atrapados:

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Por supuesto los pelícanos también aprovechan el festín:

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Y todo eso antes de que el sol haya terminado de salir

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Aprendamos de lo bueno para así disfrutar del fruto de nuestro trabajo y compartir lo que conocemos. Lo que sabemos hacer puede estar en beneficio de toda la comunidad.


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Un tesoro llamado vida

La vida es el tesoro más preciado, no hay nada más valioso que eso, por más que nos empeñemos en darle más importancia a otras cosas. Pero ¿Qué es la vida? ¿Cómo la definirías tu? Para mi la vida es como la raíz de un árbol, tiene muchas ramificaciones: hay vida en la sonrisa de un niño inocente, la primavera es vida también, cada vez que una flor crece nos da una pequeña muestra de lo que significa estar vivo. Un dolor, un sufrimiento también es vida, porque nos recuerda que somos de carne y huesos, que sentimos, que no pasamos por el mundo en vano…

A veces la vida nos pasa por un lado y no nos damos cuenta, no somos conscientes de esa forma de existir y no le prestamos debida atención. Pienso que podemos aprender a identificar y a respetar la vida en todas sus manifestaciones, en la naturaleza que nos rodea, en las personas que nos acompañan, en los animales, en el dolor del otro, en nuestra salud, en tantas cosas. Por ejm, hace poco estuve en Higuerote (una zona costera en mi país Venezuela) y un Sr. nos comentó que hacía menos de 1 semana que una lluvia había traído una rama seca al mar, me impresionó ver como la parte que estaba en contacto con el agua estaba renaciendo, me pareció hermoso. Solo la parte a la que le llegaba agua estaba llena de nueva vegetación, las ramas que permanecieron al sol no!

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Cada vez que lanzamos basura sin discriminación estamos irrespetando la vida, cada vez que no atendemos nuestra salud o hacemos algo que daña nuestro cuerpo, morimos un poco, en esos momentos cuando no hacemos caso del entorno y nos encerramos en nuestras burbujas también matamos un poco la vida de otro ser…

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Las raíces se conforman de muchas ramitas, todas son valiosas, todas forman parte del árbol, todas requieren agua y alimento para vivir, no las olvidemos.

Un paisaje que inspira a involucrarse

Hace poco escuché una entrevista en la radio en donde el entrevistado hablaba de lo mucho que últimamente los venezolanos usamos la frase “cuando éramos felices y no lo sabíamos”. Para él, al decir esa frase estábamos asumiendo que todos vivíamos felices antes, cuando en realidad muchos la estaban pasando muy mal y eso les hizo creer en un nuevo mesías que venía a salvarlos de sus desgracias.
El entrevistado insistía en que si usábamos esa frase a cada momento, estábamos invisibilizando a todas aquellas personas que sí deseaban cambiar sus condiciones, tener mejores oportunidades, ser escuchados, ser atendidos, resurgir. Estábamos sin querer, apartando a todas aquellas personas que no eran felices en las condiciones en las que estaban.
Esa entrevista me hizo reflexionar en mi vida personal y en mi trabajo fotográfico ¿Cuántas veces he dejado de lado una realidad porque no sabía enfrentarla o no me gustaba?
Mi motivo fotográfico más anhelado son los paisajes, las flores, la belleza en todas sus manifestaciones: desde la risa de un niño hasta una puesta de sol radiante. En mis fotos muestro lo que me genera placer ver, lo hermoso de la naturaleza, todo lo que encuentro atractivo. En cierta forma yo también he apartado esa realidad, por lo menos en las fotos…
Así que esta vez quise hacer algo diferente, quise publicar una foto que mostrara la inmensa realidad de mi país que debemos transformar en lugar de ocultar, aquella que está pidiendo a gritos ser escuchada, apoyada o por lo menos tomada en cuenta!!
Las fotos que les muestro a continuación son de un paseo reciente al cerro Avila , que es una montaña parque nacional ubicada en Caracas, Venezuela. Hacia un extremo de la montaña se puede ver el litoral central y hacia el otro se ve la ciudad de Caracas y sus alrededores. En este paseo pude visualizar esas dos realidades: por un lado se veía el aeropuerto, la playa despejada, hermosa y por el otro un cerro cubierto de miles de casas, amontonadas unas con otras, calles que no se distinguen, en resumen: una acumulación de olvidos…
Un lado:
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y el otro:
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Espero que con este relato tomemos más conciencia de nuestra realidad y trabajemos más para equilibrarla, para generar mejoras, para ser parte de la solución.
Espero que aprendamos a no mirar a otro lado sino a reconocernos y trabajar para que nuestros espacios se parezcan más a los que anhelamos.